Tierga

Queríamos hacer la garnacha que buscábamos y no hallábamos en las estanterías de las vinotecas, la que todavía no habíamos probado, sedosa y elegante pero con la barrica justa. Preferimos la fruta, queríamos algo potente, por supuesto, y que nos dejase los labios azules...intentar conseguir la garnacha pura y sincera. Fuimos a buscarla al origen, a su cuna: los confines de Aragón.

 

 

Y nos esperaba allí, perdida en las faldas del Moncayo, sus raíces llevan 60 años abriéndose paso entre la tosquilla (pizarra desmigajada), sus granos menudos concentran una esencia en peligro de extinción. Una vez embotellada la llamamos TIERGA.


La viña es cultivada como el abuelo enseño a su hijo y el hijo al nieto. Un modo de cultivar la tierra y la vida en fase de desaparición. No se trata apenas porque es una zona aislada, aireada y seca que está 700m de altitud. La producción es tan baja que a la cepa que da mucha uva la llaman “kilera” porque puede llegar a dar un Kilo. Hacemos selección mientras se recoge y nos la llevamos en cajas a Murchante.

 

 

Panorámica de Tierga a las faldas del Moncayo

 


Vendimia del Tierga 2008

 

 

 

Memorias de Tierga


Esto fue lo que nos impresionó cuando llegamos

aquí, a los alrededores de Tierga: las viñas

irrepetibles que están siendo arrancadas, las

cooperativas cerradas o a punto de cerrar,

la resistencia de quien no se da por vencido,

el abandono....


 

 

 

Parte de lo que anima a LA CALANDRIA es la ilusión

por salvar del olvido una muestra de todo lo que

allí se encontró, conseguir que las añadas del Tierga

continúen y conservar la esencia de una garnacha

que pende de un hilo muy frágil.


 

 

 

Desde que llegamos hasta ahora ya se han arrancado

la mitad de las viñas que encontramos, no sabemos

cuánto resistirán las que quedan, no es fácil mantener

una viña de tan baja producción y de trabajos

tan manuales, no puede competir con las explotaciones

mecanizadas y de alta producción si no es

reivindicando el mayor valor de su calidad.

 

 

 



 

Si desaparece esta uva desaparece un material

genético que no sabemos a cuando se remonta. Para

LA CALANDRIA es un patrimonio a conservar como si de

una catedral del S.XII se tratase. Pura garnacha: un

legado que las manos de estas gentes han mantenido

aquí, al margen del proceso de industrialización del

vino, justamente por estar perdidos en estas tierras.